La niña apenas cogía peso y estábamos desesperados, porque veíamos como a los demás niños se les enseñaba a comer, pero a la nuestra ni lo intentaban.
En una de estas veces, era la hora de la merienda, al lado de Lorena se encontraba Amets, un niño cuya madre era de Zarautz. Su madre no siempre podía venir a verlo, pues trabajaba en hostelería y tenía otra niña a la que atender. El padre tampoco podía, era un camionero dedicado al transporte internacional, sólo aparecería cada cierto tiempo por casa,( en el hospital nunca coincidimos). Sabiendo que Amets no iba a tener visita de su amatxo y sabiendo que dejaba siempre medio biberón, yo no me lo pensé mucho y me abalancé sobre aquel bibe, la tetina era super blandita y podría ver con mis propios ojos sí el instinto de succión se había perdido o lo estábamos dejando perder. Cuál fue la sorpresa... Lorena bebió del bibe de Amets. Enseguida se lo contamos a una enfermera, que estaba haciéndose la tonta, porque nos había visto las intenciones desde el principio, pero a mí parecer ella no tenía ninguna esperanza de que fuera a tomar ni un solo mililitro.
Eufórica y cabreada a la vez pedí hablar con el pediatra que llevaba el caso de mi hija. El doctor Rey era quien lo hacía. Me tuvo que pedir calma para que le contara aquella osadia y cuando pude hacerlo, todo sorprendido, me dijo:
- Esperaremos a mañana por la mañana, a primera hora es cuando el niño toma el bibe con más fuerza y comprobaremos si usted tiene razón.
Así lo hicimos y para grata sorpresa de todos Lorena había bebido cerca de 60 ml, para ella un montón. El pediatra nos dio la razón, la niña poseía el instinto de succión y no estaba siendo trabajando.
Cómo tan sólo nos quedaban unos pocos gramos para el peso mínimo de salida del hospital decidimos no esperar a que las enfermeras le enseñarán a Lorena a tragar bien la leche, decidimos ser nosotros los que ya habiendo sido osados con su primer bibe fuéramos osados con el resto. Pedimos permiso para llevarnos a nuestra hija del hospital, y viendo cómo era nuestro comportamiento firme y normalizador con la situación, los médicos decidieron que sí. Era el 13 de mayo, el día en que saldríamos del hospital.
Tenía un precioso vestido de color crema guardado para el bautizo de mi hija, pero como ya estaba bautizada de urgencias, decidí que sería un buen día para su estreno. Se perdería un poquito en él, pero saldría guapísima a que la conocieran todos los que no habían venido al hospital a verla ,unos cuantos tíos y tías, incluido su propio hermanito Unai.
Fue una grata sensación, como si en casa todo fuera a ir mejor, e incluso pensábamos que todo podía cambiar, estaba contenta hacía mucho tiempo que no tenía esa sensación de pletoriedad, fruto de una gran ignorancia debo decir.
Continuará.....
lunes, 30 de abril de 2018
I wish a perfect love story (11-2)
miércoles, 18 de abril de 2018
I wish a perfect love story (11)
Para el 11 de abril habríamos alcanzado la cuna que hay en neonatos. Pasó de la incubadora a cuna, pero ya en la zona intermedia, era cuestión de ver la proliferación de Lorena y observar si iba o no iba cogiendo peso.
De mientras, mi obsesión por darle mi leche se había calmado. Tenía mucha leche y la posibilidad de sacarla rápidamente con el sacaleches eléctrico del hospital. A su vez, ya estaba lugubrando que iba a necesitar uno para después en casa. Ahí me acordé de un anuncio que había visto en la tienda de Prenatal, donde los servicios Medela ponían un teléfono de atención a los clientes, para prestar sus servicios con sacaleches de todos los tipos. Aquello sería mi solución para más adelante.
No sería hasta el 20 de abril cuando a Lorena le faltaban unos pocos gramos, más o menos 500 gr, para salir. Habíamos pasado de cunas intermedias a las cunas finales; allí las madres con niños "normales" afianzaban el sistema de lactancia escogido. Ya sólo estábamos los que teníamos niños que cogía muy poquito peso.
Recuerdo como mi marido a las horas de la alimentación, tras las visitas, dos al día, pidió a los responsables poder quedarse para sostener la jeringuilla que iba a parar a la sonda nasogástrica de unión con Lorena. Para él, ese era el mejor símil de cómo darle el biberón a Lorena. Puede que hubiera gente del personal del hospital que no lo entendiera, pero el caso es que desde allí nosotros ya habíamos empezado a buscar procesos de normalización con nuestra hija y su condición.
Continuará. ..
lunes, 16 de abril de 2018
I wish a perfect love story 10
Y es que cuando es imperante pedir perdón, es sentir el porqué y el a quién.
La mente busca; quizás fuiste mala en otro tiempo, quizás egoísta, quizás obraste mal, quizás fuiste fruto de una educación que se olvidó de enseñar valores de convivencia y aprecio por lo humilde de lo que nos rodea.
Así no más empezaría a recordar pequeñas historias y a telefonear a las antiguas amigas que relegue a dejar en un cuarto o quinto plano, por atender sólo lo mío.
Llamé a Isa, llame a Mari Jose, llamé a Juli y aquellos que pasaron por mi vida y creí que les debia pedir perdón, con algunos conseguí hablar con otros no y aún hoy tengo un par de historias pendientes.
La de Jesús V. Un niño al que la vida le había puesto una hermana con parálisis cerebral igual que a mi hija. A él le habríamos comprado la casa. Mi error olvidarme de un mensaje que su padre enviaba al mío.
En el cole, Jesús V me dió bien el mensaje de sus padres; "a las tantas cortarían la luz del piso, si no se iba a cambiar el recibo del propietario".
Me acordé tan sólo del mensaje cuando vi a su padre frente a la puerta discutiendo con el mío. Mi padre decía y defendía la idea de que no se me olvidaría nada, que yo no habría recibido el mensaje puesto que lo daría tiempo. Pero la verdad es que se me olvidó y dije delante de él, que no me lo dió.
Como cambia la frase, tenía más miedo a mi padre que a decir la verdad; porque ya había probado que cuando haces algo malo, la correa se posaba sobre las costillas. Por muchas otras historias que en mi vida sucedieron, siempre el miedo de contar la verdad; por imitar las enseñanzas de los que te rodean, te inculcan, te vuelcan... Pero esa sería la última vez que probaría el cinto, no de ahí en adelante yo contaría la verdad, la mía; y es que si algo no he hecho no lo admitiría y si algo he hecho mal yo asumiría el hacerlo como a uno lo enseñaron o dejaron de hacer. Siempre la verdad como religión y camino. Aquel día Jesús V quedo como mentiroso y yo me libre del cinto.
Esa noche en el hospital, caí rendida pensando en pedir perdón a toda persona a la que le hubiera podido ofender y daba igual el porqué. A mis amigas las había olvidado por el camino e incluso las había ofendido no aceptando su regalo para mi primer hijo. Todo venía a la cabeza y todo era como en el cuento de Navidad, sin ser Navidad; veías el pasado, vives el presente y quieres pensar en un futuro mejor. Estando en el presente empezarían a pasar a Lorena de incubadora en incubadora, pues lo primero que cogió fue una pneumonía: normal la falta de estar vestidita y debajo de una estufa las 24 horas no es lo mismo que la incubadora.
El hematoma se había reabsorbido por completo, era el 4 de abril. Luego llegaría la primera resonancia, para confirmar la parálisis, pero mi marido que iba apuntando pequeñas notas en una libreta quiso hacerle frente al odio y apuntó:" No secuelas tan solo un gran susto".
Habíamos pasado por un prolapso de cordón con Unai que nos derivo a un gran susto, pero que finalmente se verificó como tal, en cambio con Lorena, no iba a ser igual; habría secuelas, grandes secuelas que en las charlas del 7 y 8 de abril tenidas no sólo con los pediatras sino también con Gaztañaga, que era el neuropediatra que le tocó a Lorena, confirmarian la hipoxia isquémica del cerebro, la tetraparesia espástica y el retraso profundo que la niña tendría. La epilepsia es un síntoma que aparecería más tarde y que sueles ir asociada a todas estas situaciones.
Recuerdo que por esas fechas, una de las enfermeras me pregunto si quería coger a mi hija en brazos.
- No te asustes, es como si cogieras una muñequita rota, la sensación será muy parecida.
No se equivocó, efectivamente, mi hija no se asía de sus bracitos ni de sus piernas; las cuales caían con un efecto gravitatorio pausible. Era un peso muerto que tan solo rondaba los dos kilitos.
Me vino a la memoria la historia de como unas navidades, los vecinos de al lado me regalaron una Nancy. Lo hicieron porque veían como al ser una familia tan pobre mi madre me conseguía juguetes pero siempre de segunda mano: una barriguitas, unas pelotas, y poco más. Pero juguetes nuevos no.
Era el día de Reyes, la saqué para jugar con otras amigas, una Nancy preciosa. Mi madre llamó por la ventana:
-¡Mari, acércate a por el pan!
- ¡vale mamá !-le contesté.
A Paqui le dije que dejaría mi muñeca allí, sobre el rellano de su puerta, mientras hacía el recado. Baje la cuesta entre nuestro caserío y la tienda de Pura.La subí, pero, cuál fue mi sorpresa, nadie estaba jugando con las muñecas y estás habían desaparecido. Tenía la esperanza de que la mía estaría en casa, me la habrían dejado allí. Pero ¡no!, al subir con el pan pregunté a mi madre y la contestación fue:" no nadie ha venido, vete a buscarla". En ello que me fui rauda como una liebre, fui a llamar a Paqui directamente, para que me dijera algo. Ella dijó que no la había cogido y que no vio si alguien había cogido la muñeca. Con esa versión subí a casa sollozando, pero entonces, el cinto volvió a sacudir mis espaldas. No había guardado un tesoro. No me había durado ni un día y era una niña tonta que se dejaba quitar todo lo bueno. Esa fue la gran lección. Perdí una hermosa muñeca y al oír a la enfermera hablar de muñequita rota, la metáfora entre las dos historias cobro todo su sentido.
CONTINUARA....
martes, 10 de abril de 2018
I wish a perfect love story (9)
Adiós, mi vida, si puedo luego volveré.
Dirigiéndonos hacia la habitación Carlos me miraba agotado, extenuado, el caminar se hacía pesado, lento. El sentimiento de abandono es patente en todo momento, pesa en la mente, en el cuerpo, en el alma. Como si de puro hormigón se tratara.
El cerrar de la puerta al fondo, te dice:" ojos que no ven, corazón que no siente" pero, no es verdad, no en mi caso, yo sí sentía que mi hija me necesitaba.
Murmurando como si una ancianita fuera, me hacía mis propias recetas mentales.
miércoles, 28 de marzo de 2018
EL NIÑO COSTURERO
Un niño abandonado en el bosque. Un bosque lúgubre, matoso, dónde la luz apenas entraba por la frondosidad que las ramas de sus árboles tendían al aire.
Un niño sucio, embarrado, untado por la Tierra Madre de todos la cual había cuidado de él desde que apareció traído por el lecho del río. Alimentado de lo que la tierra le proveía y saciado en su sed por lo que la corriente del río llevaba.
No alcanzaría los 7 años cuando su máxima curiosidad le lleva a querer explorar lo no seguro, aquello que va más allá de lo ya conocido. Salta a través del bosque, corre a través de sus troncos y matojos, y va a parar a la circunvalación de unas casas que todavía no conforman el pueblo, pero que se ubican cerca de este.
Allí un corral entrado en el bosque lleno de gallinas y un par de gallos. Alambrado, como cual caja en la que habitan seres plumados sin poder pasear libres por las praderas.
Traspasa por debajo el corral y ve las promiscuas gallinas bailando alrededor de los gallos.
Como siempre se queda con toda la clase de detalles de los animales, una memoria prodigiosa.
Embobado por un tiempo, despierta para acercarse a lo que era la entrada de una casa. Por bajo del corral, bajo monte, un caserón inmenso donde se apreciaba signos de vida, ya que la humeante chimenea así lo proclamaba.
Fué personarse en la puerta entreabierta, abrirla de par en par y ver a tres mujeres de avanzada edad afanarse en tareas de costura: una planchaba y estiraba la tela. La otra cortaba y hacía trozos, la tercera cosía y unía retales para dar forma a diferentes prendas; camisas, camisetas, pantalones, vestidos. Incluso prendas que vestían el hogar; colchas, manteles, toallas, etcétera. Un sinfín de colores, texturas y armoniosidad para lucir no sólo las mejores galas, sino el día a día de personajes de pueblo humildes.
Fué acogido por las tres ancianas, acicalado y limpiado hasta la última parte en que su cuerpo toma contacto con lo que le rodea, la nada. Puesto a punto, con unas calzas largas y una camisa blanca. Enseñado en el arte de la costura; punzada punzada, elvan sobre elvan., cosido sobre cosido.
Lo mismo bordada que se hacía una gorra.
Poco o nada conocido por sus vecinos.
El chico que manejaría una aguja cual extremidad prolongada.
Poco a poco, las ancianas le irían encomendando recados para agrandar su arte en el manejo de la aguja.
- Hoy le harás unos pantalones a Uxue, la carnicera del pueblo. Ha pedido algo vistoso pero elegante a la vez- dijo la más mayor de las mujeres.
Ni corto ni perezoso cogió su aguja y con pequeños retales de cuadros y gallinas le hizo un elegante traje a la carnicera. No sólo el pantalón sino una casaca con bolsillo y remates a juego con el bonito estampado elegido y conformado a mano.
- Precioso! muy el alegre y práctico muchacho! mi más enhorabuena- le dijo Uxue, la carnicera del pueblo.
Estaba tan contenta y agradecida que pagole bien por el trabajo hecho. Trabajo más propina por el buen gusto de lo ofrecido.
El siguiente sería Alex, el peluquero. Quería unas camisas a conjunto para él y las dos muchachas que conformaban su empresa.
Para inspirarse un poco más, el muchacho decidió bajar por primera vez al pueblo, al centro, donde estaba la peluquería de Álex.
La gente lo veía pasar y cuchicheaba a sus espaldas pero él sentía las miradas clavadas sobre su propio ser y atendía a las exclamaciones que la gente emitía.
- Mirad ese es el muchacho venido del bosque! el que vive con las tres ancianas! - Dicen que estaba muy sucio y que es huérfano!
Chu chu chu chu chu chu chu chu chu todo era rumorear.
Pasó por una fuente en forma de pozo andaluz y asomose por la curiosidad del tintinear del agua. Al fondo avistó una gran pez de color naranja. Bellísimo en su danzar con el agua. Aquel pez le recordó algo en su memoria que todavía no era nítidamente un recuerdo. Fue un pequeño flash que se había encendido.
Echose para atrás enseguida y corrió hasta la entrada de la peluquería de Álex. La única en el pueblo. Abrió la puerta y entró en un mundo donde el negro azabache bañaban las cuatro paredes que rodeaban la estancia.
Abrumado recordó de otro flashazo el bosque y su falta de luz.
Resaltando estaban unos elegantes espejos plateados, colgados de sus paredes, donde el reflejo de las personas resaltaba cuando estaban en proceso de acicalarse. Le recordó al fondo del pozo, donde el agua cristalina devuelve el reflejo. Entonces, le vino la inspiración; haría camisas con peces de colores que alegrarán aquel entorno.
Dicho y hecho. Tras un mes de arduo trabajo nuestro muchacho hizo camisas negras bordadas de peces de vistosos colores que cantineaban en el pozo negro de Álex, cual amplio estanque se tratara.
Pero fue mientras elvan a elvan, punzada a punzada, cosida a cosida, bordaba todos los peces e iba recordando como un niño pequeño se asomaba ansioso de curiosidad al extremo de un pozo. Sólo quería ver su reflejo en el agua, pero apoyado de puntillas y sin apenas llegar a divisar más que una ranita que saltaba al agua, cogió impulso para poder verla y se abalanzó de tal manera que cayó dentro del pozo. Sus ojos en principio fuertemente cerrados lograron abrirse, aunque, agitaba sin parar sus extremidades sin saber bien lo que hacía, sin coordinarse.
Ojiplático vió a la ranita salir del agua. Miró al fondo y observo un gran pez naranja que le indicaría que había una salida pegada a una de las paredes cercanas al suelo del pozo.
No pudiendo sostenerse hacia arriba, decidió seguir al pez naranja y atravesó el agujero negro del fondo hasta llegar al desembalse de un pequeño río, donde a duras penas y entrecortada respiración echaría más agua desde sus pequeños pulmones que el propio saliente. Enfangado saldría del río y cohabitaría en aquello que el habría conocido como su propia casa, hasta los siete u ocho años de edad.
Contoles a sus ancianas amigas la historia y ellas sólo recordaban que un niño fue perdido o sustraído de un lugar. Aquel lugar hoy era pasto del odio y la ira. Eran gente de bien, pero tras el suceso desolador de haber perdido a un hijo se transformó el hogar en un sinvivir. Pregúntoles a las ancianas nuestro muchacho donde habitaba aquella familia y ya con 15 años más que cumplidos decide ir a visitarla.
Coge unos pocos retales, unas cuantas bobinas de hilos y sus agujas.
Llegado a la casa donde se le había indicado, toca el timbre y visiona como una reja le abre el paso a una gran mansión pintada de blanco y rosa. Avanza hacia el porche de la casa y ve como un señor en traje le pregunta:
-¿Qué se le ofrece muchacho?
El extiende una carta con referencias en el arte de la costura y ofrece sus servicios.
- Perdóneme, voy a hablar con la señora ahora le atiendo.
Al rato aparece una bella mujer pero cuyos ojos solo abarcaban la tristeza.
- No, no necesitamos cambiar nada.
- Perdóneme, tiene una casa preciosa, de color rosa pero sus ventanales están cubiertos por tupidos cortinajes negros. No alcanzan a ver pasar los rayos de luz tan necesarios para que crezcan los niños.
- Es rosa porque era el color preferido de mi hijo, le encantaba el rosa y los brillantes reflejos del agua. Pero los perdimos y desde entonces en esta casa no necesitamos mucha luz.
-Perdóneme de nuevo, sin la luz uno sólo destila tristeza. Los rayos de la mañana empiezan a dar calor y vida como si de una jungla se tratara, es necesario que aclaren sus cortinones, créanme sé de que les habló.
Convenció así a la mujer para hacer unas nuevas cortinas.
- Mi hijo ahora tendría tu edad!-le dijo el señor de la casa un día- pero era tan pizpireto y tan ávido de curiosidad que un día en el jardín lo dejamos jugando suelto y desapareció.
La señora lloraba y lloraba... todavía no había superado la pérdida de su hijo.
Puso en todas las estancias cortinones nuevos a juego con los edredones y los tapices. Hizo bordados en las toallas preciosos, con las iniciales de los señores.
En todas las estancias menos en una, la habitación del hijo perdido.
Cuando le tocó aquella habitación hizo una petición; "por favor, no me molesten para verla hasta que esté finalizada."
Pidió tela rosa, fucsia y diferentes gamas de brillantitos. Vistió la habitación con un gusto extremo, sin hacerla infantil sino más bien de adolescente. Con pétalos de flores cayendo por los cortinones y con hojas rosaceas y rojizas cual otoño ideal.
Un glamuroso retoque de brillantes como polvo de hadas resaltaba el entrar de la luz por la ventana.
En el cuarto de baño habría unas toallas con las iniciales de un niño no nombrado y un muchacho tampoco designado con nombre alguno. Tan sólo apodado "el muchacho del bosque". Las iniciales serían una uve "V".
V de Valentín, nombre que se le apareció en su primer flash sin ser tan sólo un recuerdo.
Todos quedaron ensimismados, apabullados y escandalosamente abrumados por el detalle con el que se había engalanado la alcoba del pequeño Valentín.
La madre lloraba, pero esta vez de alegría.
Sólo haría falta una prueba de ADN y toda la luz de la habitación sería para traer alegría aquella casa.
Contoles entonces el hijo su historia y tremendamente agradecidos fueron a ver a las tres ancianas para demostrar ampliamente su gratitud por haber hecho de Valentín un hombre de provecho, un gran artista de la costura.
El cual de mayor y gracias a la condición de sus padres llegaría a vestir a grandes modelos y hacerlas desfilar por las grandes pasarelas del mundo.
martes, 19 de diciembre de 2017
GABONAK ZORIONTSUAK PASA
Abenduak hogeitalauan
urtero bezala;
gabonak ospatzen ditugu
gure etxeetan.
Tripontzia betetzen
pasatzen dugu gaua
eta ez gara konturatzen;
baitela demasa.
Urteko liskarrak
konpontzeko unea
Koinatuak heldu baino lehenago eta atea baino gehiago jotzerakoan.
Pakea bilatzeko aisialdia
nahiz eta denok ez izan,
hortan datza gakoa berrixa.
Ni zutaz gogoratu naiz
urtean zehar deitu ez izan arren; emateko besarkada bat eta esateko datorren urtean hemen nauzula, hortarako prest.
Ondo pasa egun hauek
familiaz inguratuta
lagunak baitauzkazu
Ondo zaindutak.
Marisol Andrade.
miércoles, 1 de marzo de 2017
CARNAVALES 2017
Marisol Andrade.
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